Yo defiendo la necesidad de un eclecticismo práctico en los profesionales de la terapia, sin rechazar ninguna técnica, corriente o terapia como fuente de aprendizaje. Defiendo la especificad de cada persona que merece ser atendida lo mejor posible, escuchando y respetando sus particularidades y diferencias (Cañas, 2004). Defiendo también un espíritu más autocrítico por parte de los profesionales de la psicología, recordando a todos los profesionales la necesidad de aprendizaje contínuo y de reciclaje profesional. Defiendo la humildad del que se debe a los demás en su ejercicio profesional. Por último, defiendo el sagrado deber de la tarea como obligación profesional por encima de dogmas, teorías y creencias, con el compromiso de honradez y claridad que creo debemos tener los psicólogos. No creo que haya nada más contraproducente para la relación terapéutica que un psicólogo, sea de la rama que sea, utilizando jerga psicológica contra alguien que no le entiende.
Y no hablo de actuar para hacer amigos, sino de ser respetuoso, honesto y claro con el otro. En resumen, de ser humano.
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