El consumo de drogas y la educación/ vivencia en valores parecen importar
últimamente más a los españoles, sobre todo desde el punto de vista académico-formativo. Eso sí, tenemos el problema de la falta de claridad en la consideración de los factores morales en España sobre todo para no ser considerados de una orientación político-religiosa u otra. Este dilema (más propio de políticos con
miedo a la pérdida de votos) supone un contraste entre los psicólogos españoles con otros profesionales de adicciones en diferentes países, como Nora Volkow del NIDA que al hablar de la toma de decisiones en estudios de Neuropsicología habla de un cerebro moral (2006) como una de las vías nuevas a explorar en adicciones. Dudo mucho que en España fuera posible hablar en estos términos en una investigación(o te tacharían de hablar de fenomenología o con poco rigor científico, cosa que no
se puede decir de la señora Volkow).
A todo esto se le suma la baja percepción de riesgo de un problema que se ha vuelto
tan cotidiano que conduce hasta la ausencia del problema del consumo de drogas entre
los que más preocupan a la opinión pública. (Drogas en 9º puesto, por debajo de terrorismo, vivienda, inmigración, políticos… Barómetro CIS Julio 2007), sin molestarnos en relacionarlo con la delincuencia, la inseguridad, la violencia
de género, los accidentes de tráfico…No se añade la coletilla “bebido y drogado” cuando se comete alguno de estos delitos con la misma frecuencia que se le añade la nacionalidad del (presunto) delincuente cuando no es español. Por lo menos ya se han dado cuenta de la importancia de hacer pruebas de tóxicos además de las de alcohol a conductores. Aún así, algo falla cuando los síntomas encubren las enfermedades.
Hay otro problema que también se puede señalar y que se da en España: es la ausencia
de politólogos, economistas, sociólogos y antropólogos a la hora de elaborar, diseñar y ajustar las estrategias de intervención y en muchos casos las Leyes y los Planes. Se contemplan fundamentalmente las opiniones médicas y (a veces) de psicología clínica. Los conceptos multidisciplinar e integral parecen tener diferentes significados según quien los pronuncia. En España faltan analistas sobre el tema de las drogas, figura que en otros países se contempla y asesora de forma independiente a las instituciones públicas y privadas (el Observatorio Europeo contempla esa figura dentro de su organigrama). Esto no es un remedio mágico, pero quizás un poco de independencia en el trabajo y la opinión sea necesaria en materia de tratamiento de adicciones.
Para terminar hablando del mismo tema con el que he empezado (perdonen la epanadiplosis), liberémonos de nuestros dogmas y centrémonos en el sagrado deber de la tarea que tiene nuestro compromiso de ayudar a las personas con problemas de adicciones, independientemente de nuestras creencias o posturas políticas. Tenemos que aceptar que esta tarea nuestra se encuentra muy por encima de todo esto, y somos nosotros los que debemos hacerlo.
martes, 30 de junio de 2009
sábado, 27 de junio de 2009
CULTURA Y ADICCIONES II
La cultura de las drogas tienen un esquema social propio, dependiendo de la disponibilidad económica, la sustancia de consumo, la forma de compra, la vía de consumo, el uso solitario o social que se de la sustancia, el grado de pertenencia al grupo de drogodependientes reconocido.
La cultura de las drogas tienen un sistema de roles propio, dependiendo de la forma de conseguir el dinero, la sustancia de consumo, el grado de agresividad (fundamental a la hora de explicar el fenómeno de las adicciones),que permiten a las personas relacionadas en torno a las adicciones establecer unos sistemas de alianzas y pactos (expresos o tácitos) que permiten la supervivencia de la mayor parte
del colectivo (aplicando una especie de Teoría del Bien Común o del Mal Común en este caso).
¿Hay algún estudio o interpretación acerca de esto? Sí, en USA en la década de los 70 se hicieron una serie de estudios antropológicos sobre “Hablar de hacer” (Velasco, 2004). Queda mucho por investigar acerca de estos factores para poder atender a los drogodependientes y ayudarles a abandonar un auténtico estilo de vida en que se convierte su adicción.
Hay un tema muy candente en España y muy pocas veces reflejado en los estudios: me
refiero al fracaso de los programas de drogodependencias con los colectivos culturalmente diferentes, sobre todo la falta de adherencia a tratamiento de los colectivos gitano e inmigrante.
Estas poblaciones vienen a ser un grupo marginal dentro de los programas de tratamiento, pero si pueden llegar a ser muy representativos cuando se contemplan las consecuencias del consumo de drogas. El último dato proporcionado por Instituciones Penitenciarias habla de cerca de un 30% de población inmigrante en prisión (2007). ¿Hay acaso un 30% de usuarios inmigrantes en los programas?
La situación de los grupos gitanos es más sangrante, incluso acompañada con chistes
y chanzas. Ha habido intentos de adaptaciones culturales (programa de PH para población gitana en Asturias) que han culminado con el cierre del dispositivo. Parece seguir siendo necesaria alguna explicación más que los factores psicosociales de presión de grupo e integración laboral que llevan dando vueltas 20 años alrededor del problema. Si no, condenaremos a estos colectivos a la marginalidad y la exclusión social en la que les hemos (cómodamente para nosotros) establecido y etiquetado (ahí sí comparto la explicación psicosocial de los estereotipos y prejuicios).
La cultura de las drogas tienen un sistema de roles propio, dependiendo de la forma de conseguir el dinero, la sustancia de consumo, el grado de agresividad (fundamental a la hora de explicar el fenómeno de las adicciones),que permiten a las personas relacionadas en torno a las adicciones establecer unos sistemas de alianzas y pactos (expresos o tácitos) que permiten la supervivencia de la mayor parte
del colectivo (aplicando una especie de Teoría del Bien Común o del Mal Común en este caso).
¿Hay algún estudio o interpretación acerca de esto? Sí, en USA en la década de los 70 se hicieron una serie de estudios antropológicos sobre “Hablar de hacer” (Velasco, 2004). Queda mucho por investigar acerca de estos factores para poder atender a los drogodependientes y ayudarles a abandonar un auténtico estilo de vida en que se convierte su adicción.
Hay un tema muy candente en España y muy pocas veces reflejado en los estudios: me
refiero al fracaso de los programas de drogodependencias con los colectivos culturalmente diferentes, sobre todo la falta de adherencia a tratamiento de los colectivos gitano e inmigrante.
Estas poblaciones vienen a ser un grupo marginal dentro de los programas de tratamiento, pero si pueden llegar a ser muy representativos cuando se contemplan las consecuencias del consumo de drogas. El último dato proporcionado por Instituciones Penitenciarias habla de cerca de un 30% de población inmigrante en prisión (2007). ¿Hay acaso un 30% de usuarios inmigrantes en los programas?
La situación de los grupos gitanos es más sangrante, incluso acompañada con chistes
y chanzas. Ha habido intentos de adaptaciones culturales (programa de PH para población gitana en Asturias) que han culminado con el cierre del dispositivo. Parece seguir siendo necesaria alguna explicación más que los factores psicosociales de presión de grupo e integración laboral que llevan dando vueltas 20 años alrededor del problema. Si no, condenaremos a estos colectivos a la marginalidad y la exclusión social en la que les hemos (cómodamente para nosotros) establecido y etiquetado (ahí sí comparto la explicación psicosocial de los estereotipos y prejuicios).
martes, 23 de junio de 2009
CULTURA Y ADICCIONES I
Recientemente tuve la fortuna de participar en un encuentro de profesionales de adicciones y allí se hablaba de los temas relevantes,básicamente médicos y psicólogos clínicos (aunque había también alguna consideración sobre trabajo social por ahí). Dentro de un taller de prevención se mencionó la participación en actividades religiosas como un factor de protección, intentando explicarse por parte
de una participante al taller(con bastante formación académica, por cierto) como una
cuestión de sistema de creencias(ciencia cognitiva)o como sentimiento de pertenencia a un grupo social y encontrándose, por tanto, la explicación dentro de la psicología social. En ningún momento se plantea la posibilidad de analizar los referentes culturales que plantea la religión (cualquier religión) y su importancia dentro del entorno en que se desarrolla (se identifique o no la persona como religiosa), ni
las implicaciones filosóficas humanistas que poseen conceptos como “espiritualidad”,
“trascendencia”, “alma”…En un símil de física sería pretender que la percepción que una persona tiene de un rayo depende de la intensidad del fenómeno meteorológico, independientemente de quien lo percibe. Esto solo puede ocurrir en la psicología, por cierto. En cualquier otra disciplina la prudencia en la opinión y el respeto por lo no conocido sería más evidente que en nuestros dogmas cognitivos.
La psicología se ha negado a conocer los elementos culturales de las adicciones, ni siquiera dentro de corrientes como “Cultura y personalidad”, ni de mantener dentro de su plan de estudios la mínima formación filosófica para descomponer los todos en partes(o saber qué significa esta frase).
Eso sí, hablamos de atención integral u holística con cierta facilidad, sin pararnos a analizar detenidamente qué implican estos términos (que van mucho más allá de las consabidas referencias biopsicosociales) ni definir un concepto de persona (Cañas, 2004) que debe ser atendida en su totalidad (si hablamos de “atención integral” como tanto nos gusta),añadiendo a la definición factores más relacionados con la identificación cultural o algunos criterios morales o éticos.
La cultura de las drogas tiene un lenguaje propio, establecido y con un vocabulario definido con terminología propia. Incluso algunos términos han pasado a formar parte del lenguaje habitual de muchas personas que ni siquiera lo saben en muchos casos.
de una participante al taller(con bastante formación académica, por cierto) como una
cuestión de sistema de creencias(ciencia cognitiva)o como sentimiento de pertenencia a un grupo social y encontrándose, por tanto, la explicación dentro de la psicología social. En ningún momento se plantea la posibilidad de analizar los referentes culturales que plantea la religión (cualquier religión) y su importancia dentro del entorno en que se desarrolla (se identifique o no la persona como religiosa), ni
las implicaciones filosóficas humanistas que poseen conceptos como “espiritualidad”,
“trascendencia”, “alma”…En un símil de física sería pretender que la percepción que una persona tiene de un rayo depende de la intensidad del fenómeno meteorológico, independientemente de quien lo percibe. Esto solo puede ocurrir en la psicología, por cierto. En cualquier otra disciplina la prudencia en la opinión y el respeto por lo no conocido sería más evidente que en nuestros dogmas cognitivos.
La psicología se ha negado a conocer los elementos culturales de las adicciones, ni siquiera dentro de corrientes como “Cultura y personalidad”, ni de mantener dentro de su plan de estudios la mínima formación filosófica para descomponer los todos en partes(o saber qué significa esta frase).
Eso sí, hablamos de atención integral u holística con cierta facilidad, sin pararnos a analizar detenidamente qué implican estos términos (que van mucho más allá de las consabidas referencias biopsicosociales) ni definir un concepto de persona (Cañas, 2004) que debe ser atendida en su totalidad (si hablamos de “atención integral” como tanto nos gusta),añadiendo a la definición factores más relacionados con la identificación cultural o algunos criterios morales o éticos.
La cultura de las drogas tiene un lenguaje propio, establecido y con un vocabulario definido con terminología propia. Incluso algunos términos han pasado a formar parte del lenguaje habitual de muchas personas que ni siquiera lo saben en muchos casos.
domingo, 21 de junio de 2009
UNA OPINIÓN SOBRE LA SITUACIÓN ACTUAL II
Me he dejado algunos elementos en el tintero que creo que merecen ser mencionados:
Aumento exagerado de consumo de fármacos(antidepresivos y ansiolíticos fundamentalmente) en menores de 20 años.¿Cómo se explica esta epidemia de medicación y sus efectos a medio y largo plazo? ¿Estamos tratando los síntomas y no preocupándonos por el problema en sí(Cañas, 2004)? ¿El exagerado uso en la población general obliga a tener un porcentaje similar o es la fórmula del remedio rápido aplicada hasta el extremo?
Adicciones sin sustancia o asociadas a otra sustancia que desde un modelo médico se solucionan farmacológicamente tratando la sustancia principal y con un mínimo apoyo psicoterapéutico.¿ Sabemos los efectos psicosociales a medio y largo plazo que nos pueden acarrear estas estrategias?¿ Estamos haciendo comparativas con los países del entorno?¿Estamos enseñando otras alternativas(de ocio, de tiempo libre, de relación social…) a las personas en esta situación(Marina, 2001)? ¿Podemos correr el riesgo de fomentar estas actitudes asociales y de no prever las consecuencias?
No se puede plantear una filosofía de tratamiento y prevención de drogas desde un enfoque sesgado y limitado, ya sea médico, psicológico, educativo o social. Todos los factores influyen y explican motivos y consecuencias del fenómeno, pero ninguno por sí puede establecer una relación directa causa-efecto, ni (por desgracia) el solventar uno de estos “síntomas” garantiza la completa solución de la “enfermedad”.
Mientras seguimos gastando millones en buscar vacunas para las drogas (heroína y cocaína sobre todo) no nos damos cuenta que la cultura de las adicciones (Cañas, 2004) avanza mucho más deprisa que las políticas de drogas. La investigación en adicciones es hoy en día sobre todo farmacológica, cuando ahora aparece la posibilidad de buscar en profundidad los factores más personales (emocionales, de toma de decisiones...)(Volkow, 2006) y tener el apoyo de la tecnología más moderna (neuroimagen, pruebas objetivas...) para dichas investigaciones (Pérez García, 2004). El apoyo psicoterapéutico es tan fundamental y merece tanta inversión sanitaria como el farmacológico. Los factores culturales y sociales, los familiares sobre todo(Cañas, 2004; Marina, 2001) son tan importantes como el apoyo psicoterapéutico. Si no nos unimos todos los profesionales y afectados, nos estamos condenando a otros 25 años de fracasos. La multidisciplinariedad en la formación y la praxis es necesaria, la interdisciplinariedad en el tratamiento también, pero una suerte de eclecticismo práctico en todos los ideólogos y profesionales parece hacer falta a la hora de planificar las líneas básicas de intervención y prevención. La pena es que normalmente los profesionales nos entendemos cuando hablamos en estos términos. Quizás el problema es más institucional que de base. Será cuestión de que todos reflexionemos un poquito.
Aumento exagerado de consumo de fármacos(antidepresivos y ansiolíticos fundamentalmente) en menores de 20 años.¿Cómo se explica esta epidemia de medicación y sus efectos a medio y largo plazo? ¿Estamos tratando los síntomas y no preocupándonos por el problema en sí(Cañas, 2004)? ¿El exagerado uso en la población general obliga a tener un porcentaje similar o es la fórmula del remedio rápido aplicada hasta el extremo?
Adicciones sin sustancia o asociadas a otra sustancia que desde un modelo médico se solucionan farmacológicamente tratando la sustancia principal y con un mínimo apoyo psicoterapéutico.¿ Sabemos los efectos psicosociales a medio y largo plazo que nos pueden acarrear estas estrategias?¿ Estamos haciendo comparativas con los países del entorno?¿Estamos enseñando otras alternativas(de ocio, de tiempo libre, de relación social…) a las personas en esta situación(Marina, 2001)? ¿Podemos correr el riesgo de fomentar estas actitudes asociales y de no prever las consecuencias?
No se puede plantear una filosofía de tratamiento y prevención de drogas desde un enfoque sesgado y limitado, ya sea médico, psicológico, educativo o social. Todos los factores influyen y explican motivos y consecuencias del fenómeno, pero ninguno por sí puede establecer una relación directa causa-efecto, ni (por desgracia) el solventar uno de estos “síntomas” garantiza la completa solución de la “enfermedad”.
Mientras seguimos gastando millones en buscar vacunas para las drogas (heroína y cocaína sobre todo) no nos damos cuenta que la cultura de las adicciones (Cañas, 2004) avanza mucho más deprisa que las políticas de drogas. La investigación en adicciones es hoy en día sobre todo farmacológica, cuando ahora aparece la posibilidad de buscar en profundidad los factores más personales (emocionales, de toma de decisiones...)(Volkow, 2006) y tener el apoyo de la tecnología más moderna (neuroimagen, pruebas objetivas...) para dichas investigaciones (Pérez García, 2004). El apoyo psicoterapéutico es tan fundamental y merece tanta inversión sanitaria como el farmacológico. Los factores culturales y sociales, los familiares sobre todo(Cañas, 2004; Marina, 2001) son tan importantes como el apoyo psicoterapéutico. Si no nos unimos todos los profesionales y afectados, nos estamos condenando a otros 25 años de fracasos. La multidisciplinariedad en la formación y la praxis es necesaria, la interdisciplinariedad en el tratamiento también, pero una suerte de eclecticismo práctico en todos los ideólogos y profesionales parece hacer falta a la hora de planificar las líneas básicas de intervención y prevención. La pena es que normalmente los profesionales nos entendemos cuando hablamos en estos términos. Quizás el problema es más institucional que de base. Será cuestión de que todos reflexionemos un poquito.
sábado, 20 de junio de 2009
UNA OPINIÓN SOBRE LA SITUACIÓN DE LAS ADICCIONES
Desde que en el año 2004 se trasladó el Plan Nacional Sobre Drogas (desde ahora PNSD) del Ministerio de Asuntos Sociales al Ministerio de Sanidad dentro del trabajo en adicciones se produjo un cambio de perspectiva teórica: desde un enfoque más biopsicosocial (Mayor, J 1995) a un enfoque meramente biomédico o sociosanitario como dice el Ministerio. Esto produjo una serie de modificaciones prácticas, empezando por de nuevo hablar de drogodependencias (centrando la atención en la
sustancia) en vez de continuar hablando de adicciones (donde se prestaba más atención a los motivos y las consecuencias sociales y personales del
consumo de dichas sustancias). Ya en la Memoria del año 2004 se plantea la elaboración de un Plan de Acción sobre los nuevos perfiles de consumo,debido a los resultados poco favorables de algunas estrategias, sobre todo las de Prevención y Evaluación (líneas prioritarias desde el año 2000).
Este cambio (como todos los cambios) puede tener ventajas e inconvenientes. Estos han sido algunos de los inconvenientes que ya han aparecido y que se deberían solucionar:
Parece necesario preocuparse más por concienciar acerca de los nuevos tipos de consumidores y sustancias, sus efectos, riesgos y consecuencias a edades cada vez más tempranas (NIDA, 1999). Pero esta concienciación no se puede proporcionar
desde los traumas aperturistas y supuestamente progresistas de una generación que no sabía nada de farmacología del sistema nervioso, de fracaso escolar mayoritario,
de absentismo laboral, de psicosis tóxicas, de paradas cardiorrespiratorias en cuerpos sanos…¿Por qué no se les explica a estos jóvenes tan abiertos
de mente y que han normalizado el uso del cannabis lo que es un enfermo psiquiátrico con 20 años por brote psicótico inducido por la marihuana ( Navarro y Rodríguez, 1999) y sí se les enseña una persona en silla de ruedas por accidente de tráfico?. Nos hemos acostumbrado a un modelo de adicto con un estereotipo social y un prejuicio moral sobre este tipo. Esa herencia se la hemos proporcionado
a una generación de adictos que no tienen conciencia de su problema ni lo aceptan
como tal. De hecho, el uso habitual de excusas socialmente aceptadas para esconder la adicción a algunas sustancias se ha convertido en algo habitual. Eso sí, mi hijo no es ningún yonki. La culpa es de los amigos, o la sociedad, o la educación actual, o del empleo…De cualquiera antes de reconocer mis propias carencias.
La contínua ausencia del problema del consumo de drogas entre los que más preocupan a la opinión pública(Drogas en 9º puesto, por debajo de terrorismo,vivienda, inmigración, políticos…. Barómetro CIS, Julio 2007) ¿Por qué no se dice claramente que NUNCA han habido tantas personas en tratamiento por consumo de drogas y otras adiciones en España (PNSD, 2004)? ¿Por qué no se dice que NUNCA había estado tan extendido el uso, abuso y consumo habitual de drogas en España (Memoria PH 2005)?
¿Y que NUNCA había existido tanta variedad de perfiles de usuarios de programas ni tantas variedad de drogas en tratamiento? ¿Es que sólo nos importaban la heroína y el VIH/SIDA? ¿Por qué no se explica la relación entre las drogas y el terrorismo internacional (Labrousse, 2006)? ¿Por qué no se explica la relación entre las drogas y los accidentes de tráfico (no solo la velocidad y el alcohol matan al volante,
el cannabis y la cocaína también) (Fernández Mondéjar,2005)? ¿Por qué no se dan los porcentajes de maltratadores detenidos y su consumo de sustancias(y sí su nacionalidad como factor importante de mencionar)? ¿Por qué no se cruzan los datos de
consumo de drogas con el de embarazos no deseados, fracaso escolar, absentismo laboral (Mayor,1997)… igual que se hace con otros trastornos como la depresión ( y otros Trastornos del Estado de Ánimo), por ejemplo? El espíritu de conciencia social del Ministerio en temas como el tabaco, la obesidad o el vino seríaimportante que se activara con las adicciones.
Aspectos formativos y educativos de los tratamientos y programas de prevención: los jóvenes españoles deberían aprender a decir no(y a saber por qué, pero no solo a las drogas), a ser capaces de que cuando se equivoquen y consuman tengan la capacidad de rectificar, conocer y saber dónde pedir ayuda cuando le haga falta(tanto a medicarse para no tomar drogas como a resolver los motivos de su consumo), ofrecer mucho más
apoyo e información a las familias.
yimifernandez@hotmail.es
sustancia) en vez de continuar hablando de adicciones (donde se prestaba más atención a los motivos y las consecuencias sociales y personales del
consumo de dichas sustancias). Ya en la Memoria del año 2004 se plantea la elaboración de un Plan de Acción sobre los nuevos perfiles de consumo,debido a los resultados poco favorables de algunas estrategias, sobre todo las de Prevención y Evaluación (líneas prioritarias desde el año 2000).
Este cambio (como todos los cambios) puede tener ventajas e inconvenientes. Estos han sido algunos de los inconvenientes que ya han aparecido y que se deberían solucionar:
Parece necesario preocuparse más por concienciar acerca de los nuevos tipos de consumidores y sustancias, sus efectos, riesgos y consecuencias a edades cada vez más tempranas (NIDA, 1999). Pero esta concienciación no se puede proporcionar
desde los traumas aperturistas y supuestamente progresistas de una generación que no sabía nada de farmacología del sistema nervioso, de fracaso escolar mayoritario,
de absentismo laboral, de psicosis tóxicas, de paradas cardiorrespiratorias en cuerpos sanos…¿Por qué no se les explica a estos jóvenes tan abiertos
de mente y que han normalizado el uso del cannabis lo que es un enfermo psiquiátrico con 20 años por brote psicótico inducido por la marihuana ( Navarro y Rodríguez, 1999) y sí se les enseña una persona en silla de ruedas por accidente de tráfico?. Nos hemos acostumbrado a un modelo de adicto con un estereotipo social y un prejuicio moral sobre este tipo. Esa herencia se la hemos proporcionado
a una generación de adictos que no tienen conciencia de su problema ni lo aceptan
como tal. De hecho, el uso habitual de excusas socialmente aceptadas para esconder la adicción a algunas sustancias se ha convertido en algo habitual. Eso sí, mi hijo no es ningún yonki. La culpa es de los amigos, o la sociedad, o la educación actual, o del empleo…De cualquiera antes de reconocer mis propias carencias.
La contínua ausencia del problema del consumo de drogas entre los que más preocupan a la opinión pública(Drogas en 9º puesto, por debajo de terrorismo,vivienda, inmigración, políticos…. Barómetro CIS, Julio 2007) ¿Por qué no se dice claramente que NUNCA han habido tantas personas en tratamiento por consumo de drogas y otras adiciones en España (PNSD, 2004)? ¿Por qué no se dice que NUNCA había estado tan extendido el uso, abuso y consumo habitual de drogas en España (Memoria PH 2005)?
¿Y que NUNCA había existido tanta variedad de perfiles de usuarios de programas ni tantas variedad de drogas en tratamiento? ¿Es que sólo nos importaban la heroína y el VIH/SIDA? ¿Por qué no se explica la relación entre las drogas y el terrorismo internacional (Labrousse, 2006)? ¿Por qué no se explica la relación entre las drogas y los accidentes de tráfico (no solo la velocidad y el alcohol matan al volante,
el cannabis y la cocaína también) (Fernández Mondéjar,2005)? ¿Por qué no se dan los porcentajes de maltratadores detenidos y su consumo de sustancias(y sí su nacionalidad como factor importante de mencionar)? ¿Por qué no se cruzan los datos de
consumo de drogas con el de embarazos no deseados, fracaso escolar, absentismo laboral (Mayor,1997)… igual que se hace con otros trastornos como la depresión ( y otros Trastornos del Estado de Ánimo), por ejemplo? El espíritu de conciencia social del Ministerio en temas como el tabaco, la obesidad o el vino seríaimportante que se activara con las adicciones.
Aspectos formativos y educativos de los tratamientos y programas de prevención: los jóvenes españoles deberían aprender a decir no(y a saber por qué, pero no solo a las drogas), a ser capaces de que cuando se equivoquen y consuman tengan la capacidad de rectificar, conocer y saber dónde pedir ayuda cuando le haga falta(tanto a medicarse para no tomar drogas como a resolver los motivos de su consumo), ofrecer mucho más
apoyo e información a las familias.
yimifernandez@hotmail.es
martes, 16 de junio de 2009
SOBRE DROGAS Y ADICCIONES
La primera gran duda cuando nos planteamos el hablar, opinar y discutir sobre los problemas que tienen las personas que presentan un trastorno inducido por el consumo de sustancias o comportamientos adictivos es su definición: se los ha denominado de manera casi indistinta como trastornos adictivos/adicciones o como drogodependencias/trastornos inducidos por sustancias. Y creo que ha llegado el momento de comenzar una reflexión sobre la conveniencia de una denominación u otra. Allá va mi opinión:
El término “drogodependencia” está muy asociado a l modelo biosanitario y farmacoterapéutico de intervención y con el paso de los años ha terminado por convertirse en reduccionista a la hora de explicar los diferentes fenómenos asociados al consumo de sustancias. Es un vocablo proveniente de la ola de la heroína que España sufrió en los años 80(y que denominada como “toxicomanía”asoló Europa entre las décadas de 1970-1980) y que ha terminado asociando el concepto drogodependiente a un perfil específico de usuario de sustancias: el heroinómano por vía parenteral que tradicionalmente ha sido el “drogadicto” en España. Además, el hablar de drogodependencias provoca que el énfasis se sitúe en la sustancia de abuso y haga que la intervención se centre en la ausencia/presencia de dicha sustancia.
El problema no es que haya que prestar atención a la sustancia (que hay que hacerlo) ni que haya que recurrir a la farmacoterapia (que se ha convertido en un elemento fundamental en el tratamiento de los trastornos adictivos) ni que los heroinómanos sean o no adictos (que lo son y con serios problemas epidemiológicos asociados); el problema está en que utilizando el concepto “drogodependencia” excluimos elementos que se han terminado convirtiendo en necesarios para comprender estos fenómenos: los factores sociales( recursos/habilidades sociales, resiliencia, integración en actividades socioculturales…), personales/emocionales (control de impulsos, toma de decisiones, tolerancia a frustración, canalización de sentimientos/emociones, traumas, autoestima…), familiares(antecedentes epigenéticos, factores de riesgo ambientales sen familia de origen, uso/abuso por parte de los padres…), culturales(grupo cultural de referencia, consonancia cultural, sindemia, estrés del inmigrante) y la variedad de sustancias y comportamientos adictivos que nos encontramos en la actualidad. ¿Dónde englobaríamos la vigorexia, adicción a tecnología o compras compulsivas, fenómenos combinados como la “drunkorexía”…dentro de las drogodependencias? Yo prefiero orientar mi esfuerzo en buscar los miedos, complejos, traumas, dudas, inseguridades, vergüenzas…que tiene asociada la persona que reconoce tener un problema. Y así ayudarle a enfrentarse a todos estos conflictos personales y dotarle de recursos para enfrentarse a la vida cotidiana. En seco, claro. O sea, abstinente. Y eso no significa que quien necesite reducción de daños no la reciba, o mantenimiento con cualquier fármaco (opiáceos incluidos, por supuesto). Es que procuraré que ese sea uno de los aspectos de la atención. Y que esta atención sea lo más integral posible.
Mi (humilde) opinión es que trabajamos con adictos. Y dentro de las personas con problemas de adicción hay drogodependientes o no. Pero todos necesitan conocer las causas y las consecuencias de sus problemas. Y que alguien les ayude a resolverlos, y equivocarse y volverlo a intentar. La buena voluntad (tanto de las personas con problemas como de los terapeutas) es necesaria en la rehabilitación de los adictos, pero hay muchos casos en que no es suficiente. Busquemos las mejores maneras. Y seamos un puntito críticos con nuestro trabajo. Y nuestro vocabulario. Como por ejemplo, sobre la diferencia entre adicción y drogodependencia. No espero que estén de acuerdo conmigo, tan solo que se lo planteen. Y que opinen, por supuesto.
E-mail: yimifernandez@hotmail.es
El término “drogodependencia” está muy asociado a l modelo biosanitario y farmacoterapéutico de intervención y con el paso de los años ha terminado por convertirse en reduccionista a la hora de explicar los diferentes fenómenos asociados al consumo de sustancias. Es un vocablo proveniente de la ola de la heroína que España sufrió en los años 80(y que denominada como “toxicomanía”asoló Europa entre las décadas de 1970-1980) y que ha terminado asociando el concepto drogodependiente a un perfil específico de usuario de sustancias: el heroinómano por vía parenteral que tradicionalmente ha sido el “drogadicto” en España. Además, el hablar de drogodependencias provoca que el énfasis se sitúe en la sustancia de abuso y haga que la intervención se centre en la ausencia/presencia de dicha sustancia.
El problema no es que haya que prestar atención a la sustancia (que hay que hacerlo) ni que haya que recurrir a la farmacoterapia (que se ha convertido en un elemento fundamental en el tratamiento de los trastornos adictivos) ni que los heroinómanos sean o no adictos (que lo son y con serios problemas epidemiológicos asociados); el problema está en que utilizando el concepto “drogodependencia” excluimos elementos que se han terminado convirtiendo en necesarios para comprender estos fenómenos: los factores sociales( recursos/habilidades sociales, resiliencia, integración en actividades socioculturales…), personales/emocionales (control de impulsos, toma de decisiones, tolerancia a frustración, canalización de sentimientos/emociones, traumas, autoestima…), familiares(antecedentes epigenéticos, factores de riesgo ambientales sen familia de origen, uso/abuso por parte de los padres…), culturales(grupo cultural de referencia, consonancia cultural, sindemia, estrés del inmigrante) y la variedad de sustancias y comportamientos adictivos que nos encontramos en la actualidad. ¿Dónde englobaríamos la vigorexia, adicción a tecnología o compras compulsivas, fenómenos combinados como la “drunkorexía”…dentro de las drogodependencias? Yo prefiero orientar mi esfuerzo en buscar los miedos, complejos, traumas, dudas, inseguridades, vergüenzas…que tiene asociada la persona que reconoce tener un problema. Y así ayudarle a enfrentarse a todos estos conflictos personales y dotarle de recursos para enfrentarse a la vida cotidiana. En seco, claro. O sea, abstinente. Y eso no significa que quien necesite reducción de daños no la reciba, o mantenimiento con cualquier fármaco (opiáceos incluidos, por supuesto). Es que procuraré que ese sea uno de los aspectos de la atención. Y que esta atención sea lo más integral posible.
Mi (humilde) opinión es que trabajamos con adictos. Y dentro de las personas con problemas de adicción hay drogodependientes o no. Pero todos necesitan conocer las causas y las consecuencias de sus problemas. Y que alguien les ayude a resolverlos, y equivocarse y volverlo a intentar. La buena voluntad (tanto de las personas con problemas como de los terapeutas) es necesaria en la rehabilitación de los adictos, pero hay muchos casos en que no es suficiente. Busquemos las mejores maneras. Y seamos un puntito críticos con nuestro trabajo. Y nuestro vocabulario. Como por ejemplo, sobre la diferencia entre adicción y drogodependencia. No espero que estén de acuerdo conmigo, tan solo que se lo planteen. Y que opinen, por supuesto.
E-mail: yimifernandez@hotmail.es
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