miércoles, 8 de julio de 2009

CANNABIS II

La misma imagen no aparece con un antiguo conocido de los cuidados paliativos como los opiáceos (morfina y derivados). ¿Acaso cuando se ha hablado de las sedaciones o los enfermos de cáncer terminales se han mostrado imágenes de personas inyectándose heroína? No, porque los opiáceos (sobre todo la heroína) fuera de la medicina está socialmente estigmatizada y asociada al concepto ”yonki” desde los años 80, definición de “yonki” a la que ninguno de los usuarios del cannabis le gustaría estar asociado. Se habla de parches, de usos paliativos, de analgesia…No de drogas ni de consumos.
De hecho, no es correcto hablar de drogas cuando se menciona el uso médico de las sustancia. Ni siquiera se debería hablar de drogas cuando lo que se plantea es el trastorno adictivo de un grupo de personas. Porque es ahí donde se debería enfocar el problema: no en las sustancias que tienen un objetivo determinado en un contexto y un fin recreativo o adictivo en otro; sino en las personas que deciden que uso/abuso van a proporcionar a esta sustancia, en qué contexto, con qué rituales, por qué motivos y para tapar qué carencias personales y/o emocionales. Este es el problema, no la heroína, la cocaína o el cannabis.
De hecho, el uso “social” del cannabis se está habitualmente asociando a un supuesto consumidor joven que lo utiliza de forma más o menos experimental y que realiza el consumo en unos supuestos rituales grupales socialmente aceptados cuando no consentidos explícitamente por los supuestos adultos responsables. Es cierto que los datos muestran una cantidad muy elevada de jóvenes que consumen habitualmente cannabis (220.00 según la encuesta del Observatorio Español-2007), pero este porcentaje supone tan solo el 35 % de los consumidores detectados por esta encuesta. ¿Qué pasa con esos 380.000 consumidores mayores de 25 años? ¿Dónde está su consumo social? ¿Dónde está la experimentación?¿Cuál son las razones de un consumo tan extendido y aceptado en personas adultas? Escasamente se menciona que España, Dinamarca y Gran Bretaña se han situado como los principales países consumidores de cannabis en Europa y que dicha sustancia se sitúa como la principal demanda de tratamiento por problemas con las adicciones y en las demandas se menciona como droga principal de uso en Europa(OED, 2006).

martes, 7 de julio de 2009

CANNABIS I

Es relativamente fácil hacer demagogia sobre las sustancias y su implicación en el fenómeno de las adicciones. También es sencillo apelar a sus efectos medicinales y farmacéuticos, especialmente para afectados por enfermedades que resultan muy complejas (por afectado pretendo contemplar al enfermo y su entorno: familia, pareja, amigos, compañeros de trabajo, etc). Lo que no puede consentirse es el uso interesado de medias verdades y la omisión de informaciones y datos concretos en otras ocasiones. En concreto, me gustaría poder analizar el curioso fenómeno que en España se presenta al contemplar el uso terapéutico del cannabis y su relación con el consumo social de sus derivados.
No voy a discutir la necesidad de utilizar los fármacos que sean necesarios para ayudar a combatir o afrontar una enfermedad, sobre todo aquellas que planteen molestias y dolores más o menos permanentes o crónicos. Puede ser realmente insoportable enfrentarse a una esclerosis múltiple o a un tratamiento por un cáncer sin apoyo farmacológico. Con lo que no estoy de acuerdo es con relacionar esa atención a través de medicamentos con el uso del cannabis. Por ejemplo, en Cataluña se está realizando un ensayo clínico con muy buenos resultados (aunque normalmente jamás se publica un ensayo clínico con malos resultados) utilizando un fármaco que se llama “Sativex” que contiene como principio activo sustancias cannabinoides. El problema es que cuando se habla de este ensayo de inmediato se asocia (en algunos casos incluso con imágenes explícitas en medios de información) con personas normalmente jóvenes fumando canutos. ¿Por qué?